La fiesta del M.J.V.C. en el cierre de su Jubileo

La fiesta del M.J.V.C. en el cierre de su Jubileo


Con una convivencia nacional en el colegio Manuel Belgrano (Temperley), que tuvo representantes de 12 diócesis del país, una procesión hasta la catedral Nuestra Señora de la Paz y una misa presidida por el obispo auxiliar, monseñor Jorge Torres Carbonell, el Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana (M.J.V.C.) cerró hoy su Año Jubilar por el 50° aniversario de su fundación.

El color de la fiesta

Del encuentro en el colegio de Temperley participaron cerca de 600 jornadistas, entre ellos el presbítero Ariel Perez, sacerdote de la diócesis de Zarate-Campana y asesor nacional del movimiento laical. Por la tarde, la imagen de Nuestra Señora de la Paz, patrona de la diócesis de Lomas de Zamora, encabezó la procesión hasta la catedral local, donde se ofició la misa.

Según estimaciones de los organizadores, cerca de 1000 personas estuvieron en la misa que fue concelebrada por varios sacerdotes de Lomas y de otras diócesis.

Así iniciaba la procesión hasta la catedral...  

En su homilía, el obispo aseguró que “el encuentro con Cristo no se improvisa, lo buscamos a él porque lo necesitamos, y porque queremos vivir en comunión con el”, lo cual lleva a “estar en salida”, como propone el Papa. “Que mi corazón busque el encuentro, ese encuentro no se improvisa, tengo que brindarme desde el don que Dios me dio el día que fui bautizado, y de pronto en los caminos de la vida me fui encontrando con personas, lugares o con movimientos, así como ustedes, en el cual recibí, compartí y desde ahí Dios me inspiró en la vida de la Iglesia para que salga al encuentro de los otros”, dijo.

“Cuando uno anima o sostiene la vida de otro, es porque algo me anima en el corazón, entonces acompaño, sostengo, el encuentro con Cristo lo necesitamos, y esto nos anima y fortalece”, agregó.

Todas las fotos de la fiesta

La fiesta de los 50 años del M.J.V.C.

“¿Cargamos en el corazón toda la ayuda de la gracia para que la ofrenda sea cada día más plena?”, se preguntó monseñor Torres Carbonell. “Podemos quedarnos dormidos, limitar nuestra mirada, pero llega un momento en el que le decimos a Dios: `mi lámpara es mi vida, llena de aceite, es la que quiere brindarse´. Entonces hay que buscar tener la amplitud de la mirada que el amor de Dios siempre nos quiere dar, porque al estar cerca de Dios miramos mejor, miramos más sinceramente”.

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